Adolescencia y Violencia de Género: Estereotipos y Sexismo en los Nativos Digitales.

girl-517555_960_720Las Redes Sociales Virtuales han transformado la lógica de las relaciones sociales establecidas desde los parámetros tradicionales de tiempo y espacio, propiciando nuevas prácticas comunicativas y de interacción social en entornos donde la fragilidad, flexibilidad y temporalidad de los vínculos establecidos virtualmente caracterizan a la “sociedad digital”.

La creación de las denominadas Redes Sociales Virtuales en las que las interacciones entre los sujetos van más allá de la normatividad establecida en la comunidad social real, es decir, fuera del entorno virtual, han provocado nuevos procesos de relación interpersonal. Así, la inmediatez de lo visual, de la imagen, con unas representaciones simbólicas sociales y culturales concretas, enculturan a las personas que las utilizan dentro de un marco relacional específico.

Los/las adolescentes son los/las grandes usuarios/as de estas comunidades virtuales, constituyéndose como individuos autónomos capacitados desde la infancia para el manejo de las nuevas tecnologías de la comunicación. Forman parte de su vida, de su mundo, de su realidad y por tanto el tipo de comunicación que se establece en ellas a pesar de su virtualidad, no deja de ser un reflejo de las relaciones constituidas en el espacio de lo real y viceversa.

Mediante este artículo se pretende determinar cómo las nuevas formas de comunicación e interacción de los/as adolescentes, a través de las comunidades virtuales, mantienen la hegemonía de las estructuras socio-culturalmente establecidas desde el prisma androcéntrico. Además, pretendemos hacer emerger las concepciones culturales relacionadas con la perpetuación de los estereotipos de género que podrían ser de nuevo naturalizados mediante el uso de la imagen como intercambio. Prestaremos especial atención a la visualización de las nuevas formas de violencia simbólica producidas y reproducidas por los usuarios a modo de interacciones supuestamente entre iguales.

Nuestra premisa de partida está basada en la importancia relevante que posee la adolescencia por tratarse de una etapa vital en la que los sujetos priorizan la construcción de una identidad propia y diferenciada, en la que la construcción de la identidad de género tiene un papel fundamental. En esta etapa, los/las adolescentes tiene la capacidad de modificar o no los modelos y expectativas asociados a la construcción social tradicional de género.

En este sentido podemos afirmar, que asumimos unos roles y no otros dependiendo de si somos hombre o mujer dentro de una sociedad determinada. Además hay que tener en cuenta las representaciones simbólicas de los sujetos, sus ideas, creencias y valores que están detrás de cada uno de los grupos a analizar y que los dotan de significado y sentido.

De esta manera hacemos referencia al desarrollo de actitudes sexistas, machistas o desiguales entre los y las adolescentes en estos espacios virtuales, a través del uso de diferentes imágenes compartidas. Así, las comunidades virtuales se convierten en una fuente de socialización importante para este grupo de población que establece nuevas forma de relacionarse con los iguales y con el mundo de los adultos, y que afectan a la construcción de los roles de género.

Por ello, es necesario reflexionar acerca de los sutiles mecanismos mediante los que se reproduce la violencia o dominación de género en las redes sociales virtuales. En este sentido, la toma de conciencia por parte de los actores y otros agentes secundarios, de las formas sutiles mediante las que las prácticas relacionales en los espacios virtuales reproducen y transforman un sistema cultural de dominación de género, se vuelve no sólo necesario sino imprescindible.

DELIMITACIÓN CONCEPTUAL

En primer lugar, para evitar confusiones conceptuales, se definen y operacionalizan los constructos y variables objeto de nuestro interés investigador en el presente trabajo.

  1. Red Social Virtual: Estructura social compuesta por grupos de personas, conectadas a una misma plataforma virtual por algún tipo de relación, como amistad, parentesco, intereses comunes, compañeros de colegio, etc. La principal diferencia con la comunidad virtual es que se centra en el propio interés del sujeto. Es decir, la red de relaciones que construye uno en torno a si mismo, por tanto, conforma una red radial.
    (…) Las formas de relacionarse en estas redes sociales virtuales no dejan de ser un reflejo de las que tienen lugar en el mundo físico, y suelen ser complementarias a éstas, la diferencia es que de alguna manera se obvia el parámetro de tiempo y distancia (concepto de vecindad), siendo estos conceptos banales, pasando a un segundo plano, ya que el concepto de globalización en este tipo de relaciones ya está implementado totalmente.
    (Callejo, J & Gutierrez, J, 2012)

  2. Nativos Digitales: La expresión nativo digital, fue desarrollada por Marc Prensky (2001) en oposición a inmigrante digital (las personas de incorporación tardía a las TIC). Estos/as nativos/as digitales están rodeados/as desde la infancia por las nuevas tecnologías que consumen diariamente, desarrollando una manera de pensar y de entender el mundo alternativa en función del uso de las mismas.
    Los estudiantes de hoy- desde la guardería a la Universidad- representan las primeras generaciones que han crecido con esta nueva tecnología. Han pasado toda su vida rodeados de, y usando ordenadores, videojuegos, reproductores digitales de música, móviles(…) Resulta claro que como resultado de este entorno omnipresente y de su interacción con él, los estudiantes de hoy piensan y procesan la información de manera diferente a sus predecesores.
    (Prensky, 2001)

  3. Adolescencia: La definición de la OMS hace referencia a la “edad que sucede a la niñez desde la pubertad hasta el pleno desarrollo. Periodo de profundas transformaciones fisiológicas y psicológicas entre los 10 y 19 años, divididos en dos fases, la adolescencia inicial y la tardía (OMS, 1995). Aunque desde la sociología, la línea entre infancia, adolescencia y juventud tiende a estar más difusa.
    La adolescencia es un periodo de transición entre la niñez y la edad adulta, en la que el individuo debe afrontar un gran número de cambios y desafíos evolutivos. El adolescente se enfrenta a la definición de su identidad, a la consolidación de cambios cognitivos como el pensamiento abstracto y, con frecuencia, al desarrollo un sistema de valores propio, al tiempo que anhela una mayor independencia del contexto familiar y otorga un papel cada vez más decisivo al grupo de iguales
    (Cava y Musitu, 2003)

  4. Estereotipo de Género: Construcción social en base a una serie de creencias, de imágenes del deber ser de lo femenino y masculino, de los papeles que debemos desempeñar en la sociedad que acaban determinando nuestras conductas y nuestro pensamiento, nuestros roles y las expectativas respecto de nosotros mismos y del otro. De esta manera estamos aludiendo, tal y como señala Monreal (2008):
    (…) a las creencias culturalmente compartidas sobre las características psicosociales que se consideran prototípicas de estas dos categorías excluyentes (…) los estereotipos no se limitan a esquematizar la realidad a través de la generalización de las características de los grupos, permitiéndonos adaptarnos más fácilmente a una realidad compleja, sino que afectan a las expectativas, comportamientos y creencias de los individuos.
    (Monreal, 2008)

  5. Violencia: El término violencia designa una conducta que supone la utilización de medios coercitivos para hacer daño a otros y satisfacer los intereses propios (Ramos, 2007). Así, entendemos que la violencia es una situación social, es decir, está determinada culturalmente, descartándose la connotación instrumental que confunde violencia con uso de la fuerza o agresión, que no es sino una de las acepciones. Puede incluir acciones de diferentes tipos como por ejemplo; acosar, pegar, ignorar, insultar, humillar, intimidar, abusar física, sexual o emocionalmente de alguien (Toldos, 2002) Según este criterio, la violencia es por tanto:
    (…) La violencia es la imposición coercitiva de una de las partes en conflicto sobre la otra. Ello se hace, sin duda, por medio de la fuerza, pero no necesariamente de la fuerza física. En estas condiciones la violencia puede entenderse como una parte integrante y, en algún sentido, normalizada, de las relaciones sociales.
    (Aróstegui 2004)

    Violencia de Género: Podemos considerar Violencia de Género toda práctica social que implica la desvalorización de lo “femenino”, así como el ejercicio de dominación de forma consciente o velada hacia las mujeres y cuerpos actuantes que representan lo femenino. (Gregorio, C, 2006). Factores como el proceso de socialización diferenciado de los sexos y la perpetuación de las interpretaciones sociales que representan las relaciones entre los géneros como relaciones de subordinación mediante roles asignados, produce/ reproduce este tipo de violencia como un:

    Comportamiento abusivo que un hombre ejerce de forma reiterada contra una mujer con la que mantiene o ha mantenido una relación sentimental con el objetivo de ejercer control y dominio (poder) sobre la mujer y la relación.
    (Povedano, 2012).

REFLEXIÓN TEÓRICA

Las redes sociales virtuales y las comunidades virtuales son espacios sociales donde los y las adolescentes representan de maneras distintas los constructos sociales estereotipados de género aprendidos principalmente en el contexto primario de socialización como es la familia y posteriormente la escuela, sus características, los valores, ideas y prácticas (Moscovici, 1984; Woods y Hammersley, 1993 y 1995). Además, legitiman, producen y reproducen estas prácticas de género en las relaciones que establecen entre iguales independientemente del entorno familiar.

Esta cosmovisión categorizada que permanece de forma implícita dentro de las relaciones establecidas en su red social off-line, entendiendo el término como las relaciones establecidas fuera del contexto virtual, se vuelven explícitas públicamente en las interacciones dentro del marco relacional de la red virtual.

  • LA ADOLESCENCIA Y LA IDENTIDADEl proceso de socialización de cada individuo se relaciona con la significación final de una identidad individual, ya que esta es una fuente de sentido para los propios actores y por ellos mismos son construidas mediante un proceso de individualización (Castells, 1999, p. 28-29). Así, cuanto más se asemejen los rasgos de socialización interindividual, más cercanos serán los modelos de conducta. Estos significados o patrones, se pueden modificar a través de un proceso activo de interacción de la persona al tratar con su entorno. Es por ello que la identidad personal que a su vez forma parte de identidades colectivas, surge a través de un proceso de construcción social permanente.

    En relación a la adolescencia y a la construcción social de la identidad, se ha caracterizado-estigmatizado este proceso por la lógica dominante. Se ha dibujado una categoría social enmarcada en un ciclo vital cada vez menos definido (Castells, 2009) (Callejo y Gutiérrez, 2012) por lo que el/la adolescente construye su identidad en base a unas expectativas y funciones alienadas a su propio yo. Bajo esta premisa no es difícil imaginar la posibilidad de conformar una identidad en base a la otredad, diferente a la adulta o la infantil que pueden ser percibidas por el/la adolescente como coartadoras de libertad, con unos principios e intereses opuestos a los legitimados, a los imperantes a modo de resistencia.

    De manera que se universalizan y naturalizan una serie de rasgos arquetípicos relacionados con la autoimagen del/la adolescente y los sentimientos asociados a ella o con la aceptación del sentido del yo, del self que desarrollan. En este sentido, el debate que existe entre la correlación de variables como identidad y adolescencia desde diferentes disciplinas de las Ciencias Sociales, puede ser desarrollado como conceptos construidos desde el lenguaje propio de cada cosmovisión. La identidad en la adolescencia tal y como ha sido definida puede cambiar, y lo hará a medida que se produzcan los cambios en las ideas, creencias, actitudes y comportamientos sociales.

  • ESTEREOTIPOS Y USOS DE LA IMAGEN EN LA REDNuestra sociedad construye de manera dicotómica dos géneros o tipos de contenidos culturales, masculino y femenino a los que se adscriben dos sexos, hombre y mujer. Esta clasificación provoca una naturalización de los comportamientos y actitudes que se asocian a cada uno de estos elementos llegando a ver el mundo a través de esas categorías culturalmente establecidas. Es decir, mediante esta distinción se organiza nuestra realidad dividiéndola simbólicamente y creando por tanto una relación asimétrica justificada biológicamente.

    Los estudios de género, por tanto, brotan de la idea de que el género es una construcción cultural que se ha plasmado históricamente en forma de dominación masculina y sujeción femenina. Esta jerarquización sexual se ha materializado en los sistemas sociales y políticos patriarcales. (Cobo, 1995, p.6) Así, el constructo género sirve para clasificar y por tanto jerarquizar socialmente a hombres y mujeres para legitimar y reproducir el orden establecido.

    Esta asignación social de roles se realiza independientemente de las capacidades individuales del sujeto, dictando los comportamientos socialmente esperados que son asumidos, interiorizados y naturalizados tal que hábitus, construyendo la realidad. Este aprendizaje de las categorías sexuales se realiza a modo de enculturación a través de agentes de transmisión primarios y secundarios como son la familia, la escuela, el lenguaje, los grupos de iguales o los medios de comunicación como internet, en relación a los cuales vamos creando nuestra propia identidad y construyendo nuestro esquema del yo personal e interpersonal mediante los valores personales y las características estereotipadas que cada agente de transmisión transfiere:

    (…) la crea el hombre dominante, el hombre con poder, y apoyada en su sexo, en la pura biología, la hace extensiva a toda la masculinidad, a todos los hombres. Todas las mujeres, dominantes y dominadas, se ven afectadas por dichas escalas de valoración social que, en primer lugar las inferioriza incluso a través de las paradójicas formas de endiosamiento o del halago y, en segundo lugar, crea “las reglas del juego”.
    (Giró, 2005)

    Se podría afirmar pues, que se dan prácticas sociales que reproducen imágenes y estereotipos que redundan sobre imágenes construidas reforzadas sobre discursos hegemónicos institucionalizados socialmente. Este sistema de representaciones mentales legitimadas transforma la realidad en verdad ontológica ya que se vuelve difícil introducir variables de cambio en el imaginario colectivo.

    El carácter decisivo de la comunicación en la sociedad como relaciones de poder cuenta con instrumentos que cumplen el cometido de guiar y formar a los individuos como parte de ella, construyéndose el poder desde las mentes, a través de la transmisión de diferentes pautas de comportamiento, con la intención de producir y reproducir los límites de normalidad legitimada.

    Para mantener las relaciones de poder éste necesita conseguir la aceptación y la cooperación de los subordinados en cuanto al orden social existente, creando modelos identitarios a través de la cultura visual que potencia la imagen sexuada, el cuerpo erótico mercantilizado, en la sociedad donde los individuos se convierten en soportes de consumo.

    De manera que la construcción social de la imagen conformada a través de elementos de control como el erotismo, los vínculos afectivos, el género y sobre todo la reproducción, siendo a su vez estos mismos elementos construidos, se vincula de manera directa con otros mecanismos coercitivos derivados de las estructuras de poder en las que estamos inmersos. (Foucault, 1996). Dado que la comunicación y la información son la base para la legitimación de las relaciones de poder en su interés por la dominación, la creación de modelos y arquetipos que desarrollen y reproduzcan los axiomas dominantes se vuelve necesidad para dicha legitimación.

    Además, cómo formula Qualter (1994), la traslación al campo de la información de las prácticas, estrategias y técnicas publicitarias sin ningún pudor o cuestionamiento, ha dado excelentes resultados, pues los sujetos se han acostumbrado a reconocerse instantáneamente en los estereotipos y las imágenes familiares que se les facilita y responden con más facilidad a eslóganes que a ideas. Especialmente en la adolescencia, que al estarse construyendo la identidad de género, los referentes en los medios de comunicación son aún más importantes.

    Pero con el desarrollo de las nuevas tecnologías basadas en las redes horizontales de comunicación, utilizadas y asimiladas por los nativos digitales, se desplaza la verticalidad de la información relacionada con las redes de poder, desdibujando las líneas de control social establecidas desde las estructuras legitimadas. (Castells, 2009). Este nuevo paradigma fruto de la sociedad red, considerando esta como las nuevas estructuras sociales basadas en las redes de comunicación e información, se caracteriza por la capacidad del sujeto de asumir el rol de productor y consumidor y a la vez discriminador de información. De manera que es el individuo el que se convierte en el propio mensaje, él mismo es consumidor y objeto de consumo por parte de otros individuos.

LAS COMUNIDADES VIRTUALES

El proceso de análisis desde la comunidad tradicional, culturalmente definida en relación a unos valores y creencias y a una organización social específica, a la red virtual vinculada al individualismo y a la capacidad de elección del usuario de acuerdo a sus estrategias socializadoras, demanda nuevas perspectivas de estudio hacia el espacio flexible selectivo de acuerdo a intereses y valores concretos, compartidos o no por los lazos socio-afectivos de la proximidad no virtual.

A su vez, la importancia de las relaciones sociales primarias y secundarias como son la familia y posteriormente la relación con los iguales, en lo real o espacio offline y las características de las mismas, mantienen esta categoría en las relaciones establecidas en los contextos virtuales puesto que estas se ven reforzadas mediante la comunicación online. Es decir, la interacción virtual refuerza los modelos de sociabilidad pre-existentes (Castells, 2001) producidos por otras vías, adaptando y asimilando los nuevos modelos de comunicación a los comportamientos anteriores.

De esta manera, las nuevas formas de relación y representación de los actores sociales dadas en lo virtual propician la aparición de nuevas identidades y percepciones tanto individuales como colectivas, basadas en la no permanencia o la flexibilidad de los vínculos establecidos. Estas nuevas identidades, por una parte derivan de las preexistentes en lo real a modo de adaptación de las categorías previas establecidas a través de la socialización tradicional, siendo adaptadas al contexto online. A su vez la socialización virtual producida en las comunidades virtuales revierte en los modelos tradicionales de relacionarse, de esta forma desaparece el antagonismo virtual-real.

Es por tanto valorable la idea de considerar las redes sociales virtuales como nuevas formas de relación donde se transforman las estructuras sociales ontológicamente establecidas. La tecnología, la cultura y la sociedad se imbrican en la transformación del sistema comunicativo generando un nuevo imaginario colectivo que actúa en la cotidianeidad de los individuos ofreciendo flexibilidad en las relaciones sociales, ya que al desaparecer la proximidad física desaparecen también gran parte de los convencionalismos socialmente configurados para las interacciones sociales. Al igual que la levedad y/o fragilidad de los vínculos establecidos virtualmente a modo de conexión- desconexión, pueden aplicarse a las relaciones no-virtuales en tanto experiencia del individuo. Así lo indica Bauman , (2005)

(… ) Ahora la proximidad en su variable virtual se ha convertido en una “realidad” que se ajusta a la descripción clásica. (…) la proximidad no- virtual se queda muy corta respecto de los rígidos estándares de no- intromisión y flexibilidad que la proximidad virtual ha establecido (…) (Bauman, 2005, p.88)

Así, las relaciones mediatizadas establecidas en las redes sociales virtuales de manera global tienen consecuencia en lo local y viceversa. El individualismo afecta a nuestra forma de relacionarnos socialmente a modo de privatización y personalización de las interrelaciones y la fragmentación de los vínculos socio-afectivos.

VIOLENCIA DE GÉNERO Y REDES SOCIALES VIRTUALES

La escasez de estudios relacionados con este ámbito por parte de las Ciencias Sociales impide la visibilización de ciertos comportamientos relacionados con la Violencia de Género en los entornos virtuales. El uso mayoritario de este tipo de plataformas de interacción por parte de los/las adolescentes potencia la reproducción de un sistema sexo-género basado en una estructura social desigual legitimada y naturalizada.

La retroalimentación existente entre los diferentes ámbitos de relación online/offline, incluso la predilección del espacio virtual para vivir, sentir y comunicar sus relaciones personales afectivas, socializándolas a la vez que se desdibuja la línea entre público-privado, puede potenciar problemáticas antes vividas sólo mediante la violencia de pareja tradicional. Es decir la capacidad de control a través de una práctica online que tiene la capacidad de saber mediante un click dónde está, qué está haciendo, o con quién está hablando mi pareja etc, puede favorecer prácticas de dominio, de acoso, o de humillación pública. (Estevanez, 2012)

Manifestaciones de dominación y subordinación dadas en estas plataformas virtuales que pueden provocar, a modo de antesala, una relación violenta offline. Expresiones de una violencia simbólica que al igual que la tradicional, puede provocar las mismas consecuencias para la víctima.

Por ello se vuelve necesario avanzar en el conocimiento de este hecho social, mediante la creación de un instrumento de medida que identifique, analice y describa las características de este tipo de violencia ejercida en lo virtual y su uso necesario como herramienta preventiva.

A MODO DE REFLEXIÓN

No es casual que nuestro sistema familiar se reproduzca a través de identificación y por tanto la naturalización de un tipo de sistema sexo-género concreto, la heterosexualidad (para algunos estructuralistas, universal) el cual se retroalimenta de una organización económica concreta, validados ambos a través de unas relaciones sociales concretas dentro de un marco político concreto, puesto que vamos eligiendo como válidos o normalizados los modelos que nos sirven para explicar y/o justificar nuestro orden social.

Es a través de la observación de nuestro entorno como se puede dar a conocer de que manera las representaciones y prácticas de los actores adolescentes están mediadas por las creencias, ideas y valores culturales de los adultos de sus entornos primarios. Estos adultos, influyen en la aprehensión y adquisición de imágenes de género teniendo en cuenta tanto las imágenes que discurren socialmente como los discursos legitimados y normativos de las ideologías oficiales.

El usuario de la comunidad virtual, no tiene más que comunicarse, interaccionar transmitiendo la carga socio-cultural de desigualdad reproducida a lo largo de los años.

Fuente: http://www.congresoestudioviolencia.com

 

Por:MARÍA MUÑIZ RIVAS
DRA. Mª CARMEN MONREAL JIMENO
DRA. AMAPOLA POVEDANO DÍAZ
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